La lluvia era insoportable, veía que todos se mojaban y allí estabas tú, cuando dejaste de hablar por teléfono tu rostro se iluminó con una sonrisa. ¡Que bello eras! Como siempre… Seguiste caminando, mientras yo te seguía mirando desde mi auto, entraste en una casa y allí, allí ella te esperaba… Bendita esa que se quedó contigo aquellos días en los que sólo éramos tú y yo…
Agustina.



