viernes, 30 de abril de 2010

Bendita esa que se quedó contigo

Imposible olvidar aquel día, lluvioso y frío, caminabas a paso rápido, pensé que era porque te estabas mojando. Lo primero que me llamó la atención eran los gestos que hacías y como movías tus manos mientras hablabas por teléfono, habías parado debajo de un techo en una esquina para hablar.
La lluvia era insoportable, veía que todos se mojaban y allí estabas tú, cuando dejaste de hablar por teléfono tu rostro se iluminó con una sonrisa. ¡Que bello eras! Como siempre… Seguiste caminando, mientras yo te seguía mirando desde mi auto, entraste en una casa y allí, allí ella te esperaba… Bendita esa que se quedó contigo aquellos días en los que sólo éramos tú y yo…

Agustina.

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