miércoles, 5 de octubre de 2011

Adiós a las armas.

El viento se levantó de la noche y, a las tres de la madrugada, bajo una lluvia torrencial, empezó el bombardeo. Lucharon en la oscuridad, bajo la lluvia y un contraataque de los hombres de la segunda línea los rebatió. Hubo un gran bombardeo sobre todo el frente y bajo la lluvia, un gran disparo de cohetes y un tiroteo violento de ametralladoras y de fusiles. No volvieron y se restableció la calma, y entre ráfagas de viento y de lluvia, podíamos oír, muy lejos, el intenso fragor de un bombardeo hacia el Norte."
Los heridos afluían al puesto. A unos los traían en camillas, otros andaban, otros llegaban cargados a la espalda de soldados que avanzaban a través de los campos. Estaban empapados hasta los huesos y horrorizados. Llenamos dos ambulancias con las camillas que subían del sótano del puesto de socorro, y, al cerrar la puerta de la segunda ambulancia, noté que la lluvia que me cubría el rostro se había convertido en nieve. Los copos caían rápidos y espesos con la lluvia.

Ernest Hemingway.
Premio Nobel de Literatura 1954.

No hay comentarios:

Publicar un comentario