Los heridos afluían al puesto. A unos los traían en camillas, otros andaban, otros llegaban cargados a la espalda de soldados que avanzaban a través de los campos. Estaban empapados hasta los huesos y horrorizados. Llenamos dos ambulancias con las camillas que subían del sótano del puesto de socorro, y, al cerrar la puerta de la segunda ambulancia, noté que la lluvia que me cubría el rostro se había convertido en nieve. Los copos caían rápidos y espesos con la lluvia.
Ernest Hemingway.
Premio Nobel de Literatura 1954.
Premio Nobel de Literatura 1954.
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